diumenge, d’octubre 05, 2008

¿Socialismo para ricos?

Sin duda habrán leído ya el título en las últimas semanas. Es una pregunta de cajón. Como los liberales que abominaban del Estado en época de vacas gordas piden ahora su ayuda a gritos, con la fe propia de los conversos, hay que plantearse preguntas así. Lo que son las cosas, ¿verdad?

Y naturalmente podemos buscarle la yugular al tema, pero no por maldad o para hurgar en la herida, sino porque la yugular tiene dónde hincarle el diente. La actual crisis económica no se debe a la mala suerte ni a una mala temporada en el mundo de los negocios. Ni siquiera tienen la culpa quienes se acogieron a las ventajas financieras de un sistema irresponsable que prestaba dinero a quienes sabía que no podrían devolvérselo.

No, la autoría máxima del actual desbarajuste es de quienes lo montaron a conciencia, a sabiendas de que la cosa rebentaría más temprano que tarde, pero con la tranquilidad de espíritiu de dar por supuesto que los platos rotos los pagarían los de siempre. Mientras ellos, naturalmente, seguían beneficiándose incluso del desastre. Dicho en otras palabras, no se trataba de estrategias de pan para hoy y hambre para mañana, sino que se basaban en esa máxima tan cínica de algunos abanderados del libre mercado, según la cual hay que privatizar los beneficios y socializar las pérdidas. Es decir, pan para siempre para los mismos de siempre. Son capitalistas, pero no tontos, como resulta evidente.

¿Debemos ahora acudir todos a socorrer a semejantes irresponsables? El cuerpo puede que nos pida que no. Y debemos ser conscientes de que la teoría de los males mayores, esos que hay que evitar con planes de rescate y medidas de excepción, es una enorme trampa. Porque con pretextos muy correctos y laudables, la broma seguimos pagándola los mismos, a cambio de promesas muy imprecisas e inconcretas de una mejora futura, de esas que lucen muy bien cuando el agua se tiene al cuello, pero que pasado el momento de pánico quedan en nada.

Sin embargo, estamos de acuerdo en que algo hay que hacer para evitar que la desgracia se convierta en una catástrofe. En alguna ocasión de nuestras vidas, todos hemos hecho algo tapándonos la nariz, pero convenciéndonos, o consolándonos, con la idea de que no quedaba más remedio. Sea, pues.

Pero ya que vamos a pagar todos la solución del problema, también es hora de exigir algunos cambios fundamentales. Esos cambios podrían resumirse en una única idea: tiene que haber claramente un antes y un después. Sería un insulto a la inteligencia que, pasado el mal trago, todo siguiera como hasta ahora. No valen los propósitos de enmienda formulados a la desesperada. Quienes vamos a pagar la broma debemos estar seguros de que ciertas cosas no van a repetirse.

No planteamos que las empresas rescatadas deban nacionalizarse ni nada parecido. El tiempo de las soluciones al estilo Hugo Chávez ya pasó y, por eso precisamente, a algunos debería sonrojarles pedir ahora que se aplique una política parecida a la del líder venezolano. No, lo que proponemos es mucho más sencillo y puede resumirse en media docena de puntos:

–Esta vez no deben pagar los mismos de siempre. Si pagamos todos, pagamos todos. Es de estricta justicia que también paguen los culpables del desaguisado.

–Por ello también, no es de recibo que los que han pagado siempre ahora paguen dos veces por la vía del abaratamiento del despido y otras. El momento para plantear medidas así no puede ser más inoportuno: no puede ser que perder el trabajo salga casi gratis cuando quienes han hundido las empresas se marchan con millonarias indemnizaciones.

–Si hay dinero para rescatar grandes empresas y salvar bancos, debe haberlo también para quien no pueda hacer frente momentáneamente a su hipoteca. Aunque quien ha estirado el brazo más que la manga no es estrictamente inocente, sería injusto que hubiera soluciones para los auténticos culpables y, a la vez, se penalizara a sus víctimas.

–Hay que depurar responsabilidades y que caiga quien tenga que caer. Cuando se van a pedir grandes sacrificios a todo el mundo, sería un insulto que los responsables de los desmanes se fueran de rositas.

–No se trata de organizar una venganza institucionalizada, qué va. Basta con aplicar las leyes, que se supone que están para algo. Pero hay que ir un poco más allá y decir claramente que hay personas que no pueden seguir al frente de empresas y bancos aunque no hayan cometido ningún delito. O que no deben esperar el auxilio de todos si piensan, que tras recibirlo, podrán seguir como si nada hubiera ocurrido.

–El Estado no debe renunciar a resarcirse de lo que tenga que poner sobre la mesa para evitar males mayores. Ayuda sí, pero no necesariamente gratis.

2 comentaris:

ximo ha dit...

CHAPEAU. Me hubiera gustado escribirlo a mi, por lo que dices y como lo dices, te felicito.
Si acaso me permito añadir que aquellos que siempre nos hemos cuidado de que el brazo i la manga fueran al unísono, también lo vamos a pagar, igual ( o mas) que aquellos que estiraron más el brazo, porque de alguna manera algun benificio sacaron en su momento.

Jordi Bru ha dit...

Genial Toni! Senzillament genial!!!

http://jordibru.blogspot.com