Las crisis ponen a prueba a las personas y a las organizaciones. Es un tópico, pero que no puede estar más cargo de razón. Actuar con el viento a favor y cuando todo viene de cara es lo más fácil en esta vida. Pero la talla se da cuando las cosas vienen en contra. Ahí se demuestra cómo es realmente uno. La presente crisis demuestra este aserto sin ningún género de dudas.
Es casi demasiado sencillo recurrir a Obama para explicarlo. Pero algo no se le puede negar al presidente de Estados Unidos: sólo el tiempo dirá si sus medidas económicas tendrán éxito o no, pero hasta la fecha es un ejemplo de como la autoridad puede usarse para ir a la yugular de los problemas.
No nos engañemos sobre un extremo. Como todo político occidental, Obama también ha echado mano de acciones difusas y a muy largo plazo, de esas que aquí hemos calificado a veces de “política bonita”, que no sirven para nada más que para dar la impresión de que se está haciendo algo. Pero también ha tomado decisiones mucho menos fáciles para poner orden a la economía. Ni siquiera el eventual fracaso de tales decisiones podrá desmentir que al menos se estuvo para lo que se tenía que estar.
Hasta la oposición apoya, en ocasiones, las medidas más delicadas. No siempre, claro, ya que una buena parte de la derecha norteamericana sigue encerrada en la idea de que su política económica era el colmo de la bondad. Sin embargo, como mínimo en esa oposición quedan algunas personas responsables. No muchas y no siempre por motivos puros, sino porque su electorado les pide marcha. En todo caso, la relativa independencia de los electos de sus propios partidos aún resulta algo de agradecer.
¿Alguien quiere tomarse la molestia de comparar todo esto con lo que está ocurriendo en España? Ni gobierno ni oposición resisten la comparación. La insuficiencia de liderazgo afecta a todos por igual y de ahí que transmitan la impresión, no del todo desencaminada, de que se preocupan más por buscarse los flancos que por tomar la iniciativa para atajar unas de las peores cifras económicas de la historia.
El PSOE y Zapatero siguen contando votos a diario para salir adelante como sea, quemadas sus naves parlamentarias tras haber abusado demasiado de las promesas incumplidas. Más que parálisis se trata de una falta de rumbo que ha acabado contagiando la acción del Gobierno (o puede que el camino haya sido al revés). Nadie puede negar que se han tomado muchas medidas y que la mayor parte son correctas (al menos son posibles), pero también está quedando la sensación de que son insuficientes y no tan bondadosas como parecía.
La obsesión de Zapatero por no mojarse en según qué sentidos completa el cuadro. La contradicción es sangrante: su actuación es cada día más presidencialista, al punto de haber convertido el Gobierno en poco menos que una gestoría que no le lleva nunca la contraria, pero va perdiendo por momentos la iniciativa y transfiriendo las decisiones más comprometidas a grupos de “expertos” o a los agentes socioeconómicos. Y al final ocurre lo que ocurre: poner tanto empeño en pasar a la historia como una buena persona acaba conduciendo a la inacción.
Pero tampoco la oposición se ha mostrado dispuesta a asumir la cuota de responsablidad que le corresponde, en particular ante una situación tan grave. El Partido Popular ha optado por la catástrofe, en parte para alimentar sus esperanzas de volver al poder, en parte para cubrir sus actuales penas internas. El discurso de debacle se nutre, además, de la reiteración ad nauseam de lo bien que lo hicieron cuando gobernaron.
Y no es lo que lo hicieran completamente mal (el ciclo económico les ayudó mucho, también hay que decirlo). Pero ese mantra que entonan contínuamente no oculta dos cosas. La primera, que la situación de hoy es muy diferente a la de 1996, aunque puedan existir algunas similitudes entre ambas. La segunda, que esas recetas que se vendieron como fórmulas magistrales, y fueron relativamente eficaces a corto plazo, son las principales culpables de la actual crisis.
No se trata de cebarse más en la oposición que en el Gobierno (a quien, por definición, siempre corresponde mayor responsabilidad), pero sí de recordar que la confianza en que el mercado lo arreglaba todo nos ha llevado a la actual situación. Es más, la derecha mundial prefirió convertirse en una derecha visionaria cuya misión era salvar el mundo y por los resquicios de ese mesianismo los sinvergüenzas de siempre hicieron su agosto.
Poco puede añadirse a la actuación del resto de fuerzas políticas españolas. Sólo la debilidad parlamentaria del Gobierno confiere protagonismo a líderes sepultados por un bipartidismo aplastante. Se trata de necesidad y no de virtud. En todo caso, también cabe preguntarse qué uso hacen de ese protagonismo sobrevenido. Unos ponen precio a su colaboración y otros estiran el cuello cuanto pueden para que una foto en plan Robin Hood les consuele de sus penurias.
L'autor va ser periodista fins al 1996, quan es va passar al bàndol dels gabinets de premsa. Va tenir una joventut dedicada a la poesia, però ja fa molt que es dedica a la prosa, abans periodística i ara no se sap ben bé. Aconsegueix pagar la hipoteca, menja calent cada dia i puja la família, que ja és molt. Té la molesta mania d'escriure sobre política i economia, preferentment amb la baioneta calada.
dilluns, de juny 29, 2009
dissabte, de juny 27, 2009
Crisis y liderazgo (1)
Ya no quedan estadistas como antes. Lo habrán oído frecuentemente. Y es verdad. El desierto es tal que personajes como Felipe González o Jordi Pujol son elevados a la categoría de titanes, cuando como políticos no lo hicieron tan mal, pero tampoco tan bien, sobre todo por los numerosos claroscuros de su trayectoria. Sin embargo, la presente crisis pone de manifiesto una alarmante falta de liderazgo de los actuales políticos españoles y una constatación dolorosa: hay cosas que con González o con Pujol, sólo por citar los mismos ejemplos, no pasarían.
Desde que la crisis comenzó a insinuarse con claridad, pronto hará dos años, los dos principales partidos españoles han estado buscándose las respectivas yugulares, sin aportar propuestas o soluciones dignas de tal nombre. Ha sido como un combate de boxeo en el que los contendientes hubieran renunciado al KO y fueran atizándose en los flancos, sin prisa pero sin pausa, en espera de alzarse con una victoria por puntos.
Lógicamente, cabe preguntarse de qué tipo de victoria se trata. ¿La de un tanto por ciento en los despojos de participación que deja la abstención? ¿La de los escaños conseguidos pese a todo, en virtud de una ley electoral en extremo generosa con quien no se lo merece? Puede que no se trate de eso, pero da precisamente esa impresión y la reciente campaña europea no demuestra otra cosa. Cuando los partidos priorizan medirse entre ellos y no contra la realidad, no cabe hacerse ilusión alguna.
La pregunta subsiguiente es si les interesa realmente dar solución a los problemas, como se supone que corresponde a los partidos políticos. Pero lo visto confirma que estamos ante meros profesionales del poder, desconectados de la sociedad a la que dicen servir. Cuando se llega a estos extremos, la política pierde el sentido que la hace imprescindible en nuestras vidas. Pero dado que los partidos siguen ahí, disfrutando de las prebendas que la política les otorga, resulta difícil que interiorizen otra cosa que su necesidad de conservar el poder o conseguirlo. Ambas cosas a cualquier precio.
En otra entrada completaremos este comentario, analizando el papel que Gobierno y oposición están jugando en esta crisis. Porque aunque uno pueda tener más obligación que otro, su nivel de lucimiento es muy parecido (por la franja baja).
Desde que la crisis comenzó a insinuarse con claridad, pronto hará dos años, los dos principales partidos españoles han estado buscándose las respectivas yugulares, sin aportar propuestas o soluciones dignas de tal nombre. Ha sido como un combate de boxeo en el que los contendientes hubieran renunciado al KO y fueran atizándose en los flancos, sin prisa pero sin pausa, en espera de alzarse con una victoria por puntos.
Lógicamente, cabe preguntarse de qué tipo de victoria se trata. ¿La de un tanto por ciento en los despojos de participación que deja la abstención? ¿La de los escaños conseguidos pese a todo, en virtud de una ley electoral en extremo generosa con quien no se lo merece? Puede que no se trate de eso, pero da precisamente esa impresión y la reciente campaña europea no demuestra otra cosa. Cuando los partidos priorizan medirse entre ellos y no contra la realidad, no cabe hacerse ilusión alguna.
La pregunta subsiguiente es si les interesa realmente dar solución a los problemas, como se supone que corresponde a los partidos políticos. Pero lo visto confirma que estamos ante meros profesionales del poder, desconectados de la sociedad a la que dicen servir. Cuando se llega a estos extremos, la política pierde el sentido que la hace imprescindible en nuestras vidas. Pero dado que los partidos siguen ahí, disfrutando de las prebendas que la política les otorga, resulta difícil que interiorizen otra cosa que su necesidad de conservar el poder o conseguirlo. Ambas cosas a cualquier precio.
En otra entrada completaremos este comentario, analizando el papel que Gobierno y oposición están jugando en esta crisis. Porque aunque uno pueda tener más obligación que otro, su nivel de lucimiento es muy parecido (por la franja baja).
dissabte, de juny 13, 2009
Internet 2.0 i les boles de neu
Com que estic embarcat en moltes guerres digitals (Internet és un dels meus escassos vicis), em pregunten sovint què té això de la xarxa que estira tant. I també què tenen els blocs i altres eines que anomenem xarxes socials, o Internet 2.0, que no tingui, ja no el paper escrit, sinó la web clàssica dels darrers quinze d’anys.
Per entendre-ho els recomano que visitin el bloc http://exalumnes-lamerce-tortosa.blogspot.com. És el bloc dels exalumnes del col·legi La Mercè de Tortosa. En poc més d’un any ha tingut més de 300.000 visites i ha arribat a aplegar més de 80 autors. Ha estat un fenomen digital que ha sorprès tothom, si considerem la relativa poca base original.
Saben quina és el secret de tot plegat? Doncs simplement que una cosa així pugui fer-se. És a dir, que pugui fer-se sense cap cost i d’una forma tan senzilla que desenes de persones analfabetes digitals han entrat de cap a Internet gràcies a un lloc a la xarxa que els motivava a participar.
Sovint es diu que a Internet les boles de neu es fan grosses fàcilment. És veritat, però les boles de neu sempre s’han fet grosses quan han rodat muntanya avall. L’autèntica novetat és que donar-li la primera puntada de peu a la neu està a l’abast de qualsevol de nosaltres.
Blocs i altres xarxes 2.0 signifiquen tenir un camp on podem relacionar-nos i compartir coneixement, sense passar pels viaductes tradicionals de la informació. El coneixement ja no es distribueix necessàriament en vertical, sinó que pot fer-ho en horitzontal. No sempre s’aconsegueixen resultats com els citats abans, però si no és més, com a mímin és millor.
Article publicat al Diari de Tarragona (13-6-2009)
Per entendre-ho els recomano que visitin el bloc http://exalumnes-lamerce-tortosa.blogspot.com. És el bloc dels exalumnes del col·legi La Mercè de Tortosa. En poc més d’un any ha tingut més de 300.000 visites i ha arribat a aplegar més de 80 autors. Ha estat un fenomen digital que ha sorprès tothom, si considerem la relativa poca base original.
Saben quina és el secret de tot plegat? Doncs simplement que una cosa així pugui fer-se. És a dir, que pugui fer-se sense cap cost i d’una forma tan senzilla que desenes de persones analfabetes digitals han entrat de cap a Internet gràcies a un lloc a la xarxa que els motivava a participar.
Sovint es diu que a Internet les boles de neu es fan grosses fàcilment. És veritat, però les boles de neu sempre s’han fet grosses quan han rodat muntanya avall. L’autèntica novetat és que donar-li la primera puntada de peu a la neu està a l’abast de qualsevol de nosaltres.
Blocs i altres xarxes 2.0 signifiquen tenir un camp on podem relacionar-nos i compartir coneixement, sense passar pels viaductes tradicionals de la informació. El coneixement ja no es distribueix necessàriament en vertical, sinó que pot fer-ho en horitzontal. No sempre s’aconsegueixen resultats com els citats abans, però si no és més, com a mímin és millor.
Article publicat al Diari de Tarragona (13-6-2009)
dimecres, de juny 10, 2009
Porqué la izquierda europea se ha dado un tortazo
Como no diríamos nada nuevo si analizáramos el resultado de las elecciones europeas en España, preferimos comentar el batacazo general de la izquierda europea. Parece un contrasentido que la derecha, teórica responsable de la actual crisis, haya poco menos que arrasado en todas partes. Pero existen buenas razones que explican esta curiosa paradoja electoral.
Crisis de derechas, soluciones de izquierdas. Así rezaba el lema de un partido político catalán. El criterio sobre la segunda parte del enunciado queda a criterio individual. El diagnóstico contenido en la primera parte, pese a su reduccionismo, podría ser suscrito por una inmensa mayoría, y sin equivocarse demasiado. ¿Son masoquistas entonces los electores que han confíado la situación a quienes la han creado?
No se trata de entrar en las costumbres privadas de los votantes, sino de intentar analizar las razones de una opción electoral cuando menos sorprendente. Digamos, de entrada, que los cuatro tópicos a los que podríamos recurrir son esencialmente ciertos. Sí, la izquierda se ha dejado robar históricamente el discurso de la eficacia. Sí, el pánico desata los instintos más conservadores. Sí, la gente no sabe lo que quiere o no sabe dónde se mete. Sí, hasta hay cierta justicia poética en reclamar que el que meta la pata, que la saque.
¿Pero bastan estos tópicos para explicar lo ocurrido? No. Tampoco basta con decir que los electores han preferido las recetas económicas conservadoras y/o liberales ante el único recurso al endeudamiento público propuesto por las izquierdas. No, hay algo más, relacionado con la identificación de la culpa.
Es muy fácil echarle la culpa a Bush (o al resto de jubilados políticos que caricaturizó en sus carteles otro partido catalán) y olvidar que la socialdemocracia europea se dejó llevar por los aires neoliberales que le llegaban del otro lado del Atlántico. Que se dejó seducir en la misma medida por la ficción económica de los últimos años, Y que se consoló pensando que aquella riqueza creaba bienestar para todo el mundo.
La socialdemocracia se ocupa del trabajo sucio del capitalismo. Es una máxima con siglo y medio de historia, de cuando se produjeron las primeras escisiones en el movimiento marxista, pero que ahora resulta tener una sorprendente actualidad. Los electores no han castigado a la izquierda porque piensen que no sirve para remontar la crisis, sino porque en Europa, por poco que se hurgue, uno también se da cuenta de quien le ha llevado al huerto, por muy buenas palabras que se usaran para llevárselo.
Crisis de derechas, soluciones de izquierdas. Así rezaba el lema de un partido político catalán. El criterio sobre la segunda parte del enunciado queda a criterio individual. El diagnóstico contenido en la primera parte, pese a su reduccionismo, podría ser suscrito por una inmensa mayoría, y sin equivocarse demasiado. ¿Son masoquistas entonces los electores que han confíado la situación a quienes la han creado?
No se trata de entrar en las costumbres privadas de los votantes, sino de intentar analizar las razones de una opción electoral cuando menos sorprendente. Digamos, de entrada, que los cuatro tópicos a los que podríamos recurrir son esencialmente ciertos. Sí, la izquierda se ha dejado robar históricamente el discurso de la eficacia. Sí, el pánico desata los instintos más conservadores. Sí, la gente no sabe lo que quiere o no sabe dónde se mete. Sí, hasta hay cierta justicia poética en reclamar que el que meta la pata, que la saque.
¿Pero bastan estos tópicos para explicar lo ocurrido? No. Tampoco basta con decir que los electores han preferido las recetas económicas conservadoras y/o liberales ante el único recurso al endeudamiento público propuesto por las izquierdas. No, hay algo más, relacionado con la identificación de la culpa.
Es muy fácil echarle la culpa a Bush (o al resto de jubilados políticos que caricaturizó en sus carteles otro partido catalán) y olvidar que la socialdemocracia europea se dejó llevar por los aires neoliberales que le llegaban del otro lado del Atlántico. Que se dejó seducir en la misma medida por la ficción económica de los últimos años, Y que se consoló pensando que aquella riqueza creaba bienestar para todo el mundo.
La socialdemocracia se ocupa del trabajo sucio del capitalismo. Es una máxima con siglo y medio de historia, de cuando se produjeron las primeras escisiones en el movimiento marxista, pero que ahora resulta tener una sorprendente actualidad. Los electores no han castigado a la izquierda porque piensen que no sirve para remontar la crisis, sino porque en Europa, por poco que se hurgue, uno también se da cuenta de quien le ha llevado al huerto, por muy buenas palabras que se usaran para llevárselo.
dilluns, de juny 01, 2009
Europa no conecta (2)

Decíamos la semana pasada que si Europa no conecta es, en parte, porque los profesionales del tema no ponen mayor interés en que conecte. ¿Aserto aventurado o excesivo? Basta con ver la campaña electoral que están haciendo para darse cuenta de que nos quedábamos cortos.
Poco más podemos decir sobre lo interesados que están en encontrar algún remedio a la abstención. Sólo cabe añadir que mientras sigan obteniendo un determinado porcentaje (que les asegure lógicamente unos escaños y los privilegios e ingresos que conllevan), poco les importará que el tanto por ciento sea en relación a un despojo.
Sin embargo, la cuestión que ahora planteamos es si realmente les interesa Europa. No duden que si escuchan a los candidatos y a sus partidos, se trata de su principal prioridad universal. Pero en estos asuntos, es más importante fijarse en los actos que en las palabras. Sólo así puede valorarse apropiadamente si lo que nos dicen está fundamentado en algo tangible.
¿Europa, dicen? Claro, algo hay que decir de ello para disimular. Pero las intenciones de unos y otros quedan claras cuando se comprueban sus auténticas intenciones. Para unos se trata de ganarlas con el fin de quemar un poco más a Zapatero. Los otros, en consecuencia, apelan al manido miedo a la derecha (que hasta la fecha les ha funcionado bastante bien). No es que Zapatero esté ya calcinado en buena medida o que la derecha no sea de temer. Es que no puede quedar más claro que Europa es una mera circunstancia para continuar tirándose los trastos a la cabeza.
Y así seguirán, ya que fomentar un enfrentamiento bipartidista, que deje fuera todo lo posible a los partidos pequeños, les sale muy a cuenta. El teatro de la política tiene a veces estas floridas derivadas.
No crean que ayuda mucho que el Parlamento Europeo sea un cementerio de elefantes al que enviar, a título de jubilación dorada, a todo tipo de dirigentes políticos y excargos oficiales con los que existe algún compromiso de recolocar. No pocas veces un cese o una renovación se aliña con el recurso a ese varadero de lujo. La gente no es tonta y se da perfecta cuenta de ello. Luego, algunos se avergüenzan de su propia candidatura y tiran de normativa (que oportunamente aprobaron ellos mismo) para hacer listas a medida según la comunidad autónoma. Suerte que la circunscripción era única en estos comicios.
Pero aparte de lo mal que se lo montan los partidos, hay deficiencias estructurales en las instituciones europeas que también explican su escasa conexión con los votantes. Cuando aquí hablamos de segundas vueltas y otras fórmulas para asegurar que gobierne quien gana, al votar para Europa seguimos sin saber para qué votamos exactamente. No basta con decir que elegimos a unos diputados. La cuestión sigue siendo quien elige a quienes dirigen el cotarro, que no son ni siquiera esos diputados que nos dejan elegir.
En cuestiones europeas se habrán transferido muchas competencias por parte de los Estados, pero éstos se niegan a soltar la sartén que tienen por el mango. Las decisiones últimas las toman entre ellos, a veces en encuentros informales que se asemejan a unas vacaciones. Es normal que los electores pensemos que nuestro voto europeo no sirve para nada, ya que las cosas serias de verdad las deciden nuestros propios gobernantes, a los que elegimos en otros comicios. No es que las elecciones nacionales permitan tirar cohetes sobre la abstención, pero su diferencial de participación con las de este domingo es autoexplicativo.
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actualitat política
dijous, de maig 28, 2009
Europa no conecta (1)
Falta poco más de una semana para las elecciones europeas y la triste constatación es que la victoria va a corresponder a la abstención. Quienes pronostican sólo el 60% de abstención son unos optimismas de mucho cuidado, o más bien elementos partidarios que, haciéndose pasar por expertos en demoscopia, intentan animar el cotarro para salir menos perjudicados del desastre. Europa no motiva más que a una pequeña fracción de europeos, pero, como de costumbre, quienes se dedican profesionalmente a estos temas son los que menos hacen para reconducir un camino errático.
Naturalmente, la noche de las elecciones oiremos muchos lamentos. Se harán llamamiemtos floridos a la reflexión. Algo tenemos que hacer, nos dirán. Y luego, como pasa siempre, los lágrimas de cocodrilo se secarán más rápido de lo que tardan en derramarse y los llamamientos harán eco en el vacío. Y no harán nada, salvo tal vez constituir un grupo de trabajo o de expertos que se reunirá durante meses y meses, costará un pico y acabará concluyendo que algo hay que hacer. Puede incluso que sugieran algunas medidas (no esperen mucho más que cuatro tópidos ya oídos), que nunca se convertirán en algo práctico.
Así de cruda es la realidad de las cosas.
Evidentemente, los votantes no tenemos perdón de Dios. Somos nosotros quienes nos abstenemos, a fin de cuentas. Quienes decidimos que la playa es una alternativa más atractiva que las urnas. O que eso de que Bruselas nos cae muy lejos y, a veces con mucha razón, que todavía ahora no sabemos para qué sirve. Y cabe preguntarse si eso de que los partidos no consiguen hacernos vibrar la fibra (que no lo hacen) no es un pretexto comodón.
Pero aunque los votantes no seamos inocentes, no es gratuito recordar que quienes peor se lo montan son quienes, en teoría, deberían estar más interesados. Aunque como ciudadanos seamos unos impresentables, que encima nos quejaremos de que por los resquicios de la abstención se nos cuele de refilón la extrema derecha, quienes deberían estar más preocupados son unas cuantas docenas de profesionales de la política, los partidos y las instituciones. Dado que no lo están más que retóricamente, es que no les importa ni siquiera a título de mantener en pie su negocio. Pésima señal, si las cosas comienzan por aquí.
Naturalmente, la noche de las elecciones oiremos muchos lamentos. Se harán llamamiemtos floridos a la reflexión. Algo tenemos que hacer, nos dirán. Y luego, como pasa siempre, los lágrimas de cocodrilo se secarán más rápido de lo que tardan en derramarse y los llamamientos harán eco en el vacío. Y no harán nada, salvo tal vez constituir un grupo de trabajo o de expertos que se reunirá durante meses y meses, costará un pico y acabará concluyendo que algo hay que hacer. Puede incluso que sugieran algunas medidas (no esperen mucho más que cuatro tópidos ya oídos), que nunca se convertirán en algo práctico.
Así de cruda es la realidad de las cosas.
Evidentemente, los votantes no tenemos perdón de Dios. Somos nosotros quienes nos abstenemos, a fin de cuentas. Quienes decidimos que la playa es una alternativa más atractiva que las urnas. O que eso de que Bruselas nos cae muy lejos y, a veces con mucha razón, que todavía ahora no sabemos para qué sirve. Y cabe preguntarse si eso de que los partidos no consiguen hacernos vibrar la fibra (que no lo hacen) no es un pretexto comodón.
Pero aunque los votantes no seamos inocentes, no es gratuito recordar que quienes peor se lo montan son quienes, en teoría, deberían estar más interesados. Aunque como ciudadanos seamos unos impresentables, que encima nos quejaremos de que por los resquicios de la abstención se nos cuele de refilón la extrema derecha, quienes deberían estar más preocupados son unas cuantas docenas de profesionales de la política, los partidos y las instituciones. Dado que no lo están más que retóricamente, es que no les importa ni siquiera a título de mantener en pie su negocio. Pésima señal, si las cosas comienzan por aquí.
divendres, de maig 22, 2009
"Anatomía de un instante", gran lectura
Ja vaig acabar fa dies la lectura de "Anatomía de un instante", l'última obra de Javier Cercas, i tenia pendent de completar el comentari que vaig fer després de les primeres pàgines. La feina no em deixa gaire temps per escriure i, a sobre, estic embarcat en altres guerres digitals. Però aquí va el que em vaig comprometre a explicar.
Continuo sense tenir clar com m'he de referir a una obra que no és un llibre d'història ni una novel·la. El mateix autor, que al principi de l'invent reconeix no tenir-ho clar, acaba al final apostant per dir que és una novel·la i que una novel·la era la millor forma d'explicar coses que van passar aquell 23-F, que no el 23-F mateix. Sincerament, de ficció n'he trobat poca en aquest llibre o no l'he sabut detectar, que també podria ser. Si em veig obligat a adscriure "Anatomía de un instante" a un gènere, diria que es tracta d'una crònica o d'un assaig, escrit, això sí, amb floritures literàries de nivell. No cal confondre-ho amb un dels molts llibres d'investigació i de pseudoinvestigació que al llarg dels anys s'han publicat sobre el 23-F. És una cosa diferent, que mescla una interessant anàlisi psicològica d'alguns dels protagonistes d'aquella jornada nefasta, especialment dels que van ser-ho sense voler, amb una autèntica autòpsia de les rucades comeses per pràcticament tothom entre 1979 i 1981, que van desembocar en el cop d'Estat d'uns eixelebrats.
Per oferir un resum, em quedo amb tres idees principals:
–"La placenta del golpe". El títol del primer capítol no pot ser més clar i autoexplicatiu. La pràctica totalitat dels que pintaven alguna cosa a Espanya en aquells anys es va lliurar a aventures polítiques que van propiciar el resultat final. Hi havia tanta gent intentant salvar Espanya, que al final van sortir al carrer, pistola en mà, els que sempre la volen salvar per la via bèstia.
–El paper del Rei. Jo mai m'he acabat de refiar de la versió heroïca sobre el paper de Joan Carles de Borbó aquella nit. Però he de reconèixer que Cercas la clava amb un argument que em desarma. El Rei va fer també molt el ruc en els temps previs al cop i, per usar les paraules del autor, potser va permetre, o no va impedir, que algú donés per suposat que avalava alguna solució rara a la greu crisi política, econòmica i social d'aquell moment. Però Cercas ens recorda que si el Rei hagués estat a favor del cop, aquella nit n'hauria tingut prou amb deixar fer. Els militars l'haurien obeït igual i fins i tot amb més alegria. I és veritat.
Em continua quedant el dubte, però, de si l'elecció reial d'aquella nit era realment entre deixar fer o ser l'heroi de la democràcia (arriscant l'afusellament), o més bé entre continuar al cotarro durant molts anys o ser un rei amb tots els poders durant sis mesos (i tenir sort de sortir-se'n només amb un exili).
–El retrat excepcional de Suárez. De fet, la pràctica totalitat del llibre gira a l'entorn de la imatge del llavors president del govern restant assegut al seu escó, mentre els guàrdies civils disparen i els diputats (excepte Carrillo, Gutiérrez Mellado i el mateix Suárez) es tiren a terra. Cercas busca explicar aquest gest i aquí és quan "Anatomía de un instante" és converteix en un gran llibre. Potser la conclusió més descarnada és que en aquell moment un franquista de pedra picada com Suárez era, a l'hora de la veritat, el més demòcrata de tots.
Plantejaments com aquest darrer són potser la principal aportació de "Anatomía de un instante". Javier Cercas no descobreix res ni aclareix els punts encara foscos d'aquelles trames. Però diu clar i en veu alta certes coses que molt rarament s'han dit amb tanta claredat. El 23-F s'ha "ornamentat" amb un munt de mites sense base. I ara que els anys han passat i se suposa que allò és molt díficil que es repeteixi, per no dir impossible, està molt bé recordar que en aquells anys, per dir-ho de forma elegant, molta gent es va equivocar molt. I que certes pel·lícules explicades desprès no eren per covardia o per una major o menor convicció democràtica, sinó per tapar jocs de mans que evidenciaven una "tonteria" que a tots aquests se'ls va passar de cop amb els primers trets.
Tampoc estic del tot d'acord amb la defensa de la Transició que fa Cercas. L'autor reconeix que va ser imperfecta i que no tot es va fer bé. No hi puc estar més d'acord. Anava a escriure que no subscrivia la tesi de l'autor, segons la qual avui no ho faríem millor. Però després d'haver escoltat la major part del recent debat de política general al Congrés (em van els vicis durs, com es pot comprovar), i de llegir els diaris cada dia, no sé ben bé què pensar.
Em quedo amb un últim argument en pro del llibre. Cercas ens recorda que Suárez era mirat amb menyspreu per molta gent, pel seu passat franquista, els seus orígens humils o la seva escassa formació. Els que es veien amb cor de portar la democràcia a Espanya i consolidar-la eren legió. Suárez, amb mètodes atropellats i caòtics, però d'una eficàcia excepcional, ho va fer en onze mesos. No li perdonaven els que una mica més i es carreguen la democràcia que tant defensaven.
És en aquest punt que Cercas ens recorda que la tasca política requereix d'unes virtuts que no sempre es troben en la formació universitària, el pedigrí ideològic o en venir de casa bona. En definitiva, el polític té la funció de conciliar allò que és irreconciliable, segons l'autor (i ja és això, sí). I conclou que fer això, en aquelles circumstàncies requeria estar fet d'una pasta especial. I en particular tenir un coratge que altres que en presumien, no tenien en realitat.
Cito una excel·lent frase per acabar: hi ha qui ho sap tot, però no entén res. Suárez era dels que sabia poc, però entenia les coses. I va començar a caure en picat el dia que va voler saber i va deixar d'entendre. Estic d'acord amb la metàfora de Cercas, que és molt més que un mer joc de paraules.
No cal dir que recomano la lectura de "Anatomía de un instante". Potser no passarà a la història de la literatura, però és una lectura més que agradable i interessant. Jo em posaré el llibre a la maleta aquest estiu, quan marxi de vacances, per tornar-me'l a llegir amb tranquil·litat.
Continuo sense tenir clar com m'he de referir a una obra que no és un llibre d'història ni una novel·la. El mateix autor, que al principi de l'invent reconeix no tenir-ho clar, acaba al final apostant per dir que és una novel·la i que una novel·la era la millor forma d'explicar coses que van passar aquell 23-F, que no el 23-F mateix. Sincerament, de ficció n'he trobat poca en aquest llibre o no l'he sabut detectar, que també podria ser. Si em veig obligat a adscriure "Anatomía de un instante" a un gènere, diria que es tracta d'una crònica o d'un assaig, escrit, això sí, amb floritures literàries de nivell. No cal confondre-ho amb un dels molts llibres d'investigació i de pseudoinvestigació que al llarg dels anys s'han publicat sobre el 23-F. És una cosa diferent, que mescla una interessant anàlisi psicològica d'alguns dels protagonistes d'aquella jornada nefasta, especialment dels que van ser-ho sense voler, amb una autèntica autòpsia de les rucades comeses per pràcticament tothom entre 1979 i 1981, que van desembocar en el cop d'Estat d'uns eixelebrats.
Per oferir un resum, em quedo amb tres idees principals:
–"La placenta del golpe". El títol del primer capítol no pot ser més clar i autoexplicatiu. La pràctica totalitat dels que pintaven alguna cosa a Espanya en aquells anys es va lliurar a aventures polítiques que van propiciar el resultat final. Hi havia tanta gent intentant salvar Espanya, que al final van sortir al carrer, pistola en mà, els que sempre la volen salvar per la via bèstia.
–El paper del Rei. Jo mai m'he acabat de refiar de la versió heroïca sobre el paper de Joan Carles de Borbó aquella nit. Però he de reconèixer que Cercas la clava amb un argument que em desarma. El Rei va fer també molt el ruc en els temps previs al cop i, per usar les paraules del autor, potser va permetre, o no va impedir, que algú donés per suposat que avalava alguna solució rara a la greu crisi política, econòmica i social d'aquell moment. Però Cercas ens recorda que si el Rei hagués estat a favor del cop, aquella nit n'hauria tingut prou amb deixar fer. Els militars l'haurien obeït igual i fins i tot amb més alegria. I és veritat.
Em continua quedant el dubte, però, de si l'elecció reial d'aquella nit era realment entre deixar fer o ser l'heroi de la democràcia (arriscant l'afusellament), o més bé entre continuar al cotarro durant molts anys o ser un rei amb tots els poders durant sis mesos (i tenir sort de sortir-se'n només amb un exili).
–El retrat excepcional de Suárez. De fet, la pràctica totalitat del llibre gira a l'entorn de la imatge del llavors president del govern restant assegut al seu escó, mentre els guàrdies civils disparen i els diputats (excepte Carrillo, Gutiérrez Mellado i el mateix Suárez) es tiren a terra. Cercas busca explicar aquest gest i aquí és quan "Anatomía de un instante" és converteix en un gran llibre. Potser la conclusió més descarnada és que en aquell moment un franquista de pedra picada com Suárez era, a l'hora de la veritat, el més demòcrata de tots.
Plantejaments com aquest darrer són potser la principal aportació de "Anatomía de un instante". Javier Cercas no descobreix res ni aclareix els punts encara foscos d'aquelles trames. Però diu clar i en veu alta certes coses que molt rarament s'han dit amb tanta claredat. El 23-F s'ha "ornamentat" amb un munt de mites sense base. I ara que els anys han passat i se suposa que allò és molt díficil que es repeteixi, per no dir impossible, està molt bé recordar que en aquells anys, per dir-ho de forma elegant, molta gent es va equivocar molt. I que certes pel·lícules explicades desprès no eren per covardia o per una major o menor convicció democràtica, sinó per tapar jocs de mans que evidenciaven una "tonteria" que a tots aquests se'ls va passar de cop amb els primers trets.
Tampoc estic del tot d'acord amb la defensa de la Transició que fa Cercas. L'autor reconeix que va ser imperfecta i que no tot es va fer bé. No hi puc estar més d'acord. Anava a escriure que no subscrivia la tesi de l'autor, segons la qual avui no ho faríem millor. Però després d'haver escoltat la major part del recent debat de política general al Congrés (em van els vicis durs, com es pot comprovar), i de llegir els diaris cada dia, no sé ben bé què pensar.
Em quedo amb un últim argument en pro del llibre. Cercas ens recorda que Suárez era mirat amb menyspreu per molta gent, pel seu passat franquista, els seus orígens humils o la seva escassa formació. Els que es veien amb cor de portar la democràcia a Espanya i consolidar-la eren legió. Suárez, amb mètodes atropellats i caòtics, però d'una eficàcia excepcional, ho va fer en onze mesos. No li perdonaven els que una mica més i es carreguen la democràcia que tant defensaven.
És en aquest punt que Cercas ens recorda que la tasca política requereix d'unes virtuts que no sempre es troben en la formació universitària, el pedigrí ideològic o en venir de casa bona. En definitiva, el polític té la funció de conciliar allò que és irreconciliable, segons l'autor (i ja és això, sí). I conclou que fer això, en aquelles circumstàncies requeria estar fet d'una pasta especial. I en particular tenir un coratge que altres que en presumien, no tenien en realitat.
Cito una excel·lent frase per acabar: hi ha qui ho sap tot, però no entén res. Suárez era dels que sabia poc, però entenia les coses. I va començar a caure en picat el dia que va voler saber i va deixar d'entendre. Estic d'acord amb la metàfora de Cercas, que és molt més que un mer joc de paraules.
No cal dir que recomano la lectura de "Anatomía de un instante". Potser no passarà a la història de la literatura, però és una lectura més que agradable i interessant. Jo em posaré el llibre a la maleta aquest estiu, quan marxi de vacances, per tornar-me'l a llegir amb tranquil·litat.
dilluns, de maig 11, 2009
La multa a Ascó: ni una rascada a la pintura
Tornen a trompetejar els mitjans de comunicació la música de la multa més alta de la història. Estem parlant d'Ascó 1 i de l'increïble episodi d'una fuga de partícules radioactives i dels més increïbles silenciament i ocultació. De vegades, un es pregunta què s'ha de fer en aquesta vida perquè les coses tinguin conseqüències. Conseqüències reals i significatives, no teòriques sancions espectaculars que no constitueixen ni una rascada a la pintura dels responsables.
No ho dic perquè el ministeri d'Indústria ja hagi rebaixat de 22 a 15 milions d'euros l'import de la sanció que proposava el Consell de Seguretat Nuclear. Ni ho dic per les rebaixes que hi haurà, fruït dels recursos administratius i judicials. Ni tan sols pel percentatge de la facturació del benefici de l'empresa explotadora (l'Associació Nuclear Vandellòs-Ascó) que signifiqui la sanció, sigui quin sigui el seu import final.
És que n'hi ha prou de repassar els beneficis que van tenir el passat 2008 les empreses propietàries d'aquesta associació: el benefici net d'Endesa va ser de 7.169 milions d'euros i el d'Iberdrola, de 2.860 milions. No he volgut treure el percentatge perquè no m'agafi mal de panxa, però qualsevol persona, armada amb una calculadora, pot arribar a les conclusions pertinents. Sort que la crisi ha fet caure el consum elèctric.
El que deia al principi: ni una rascada a la pintura. Poc més es pot dir.
No ho dic perquè el ministeri d'Indústria ja hagi rebaixat de 22 a 15 milions d'euros l'import de la sanció que proposava el Consell de Seguretat Nuclear. Ni ho dic per les rebaixes que hi haurà, fruït dels recursos administratius i judicials. Ni tan sols pel percentatge de la facturació del benefici de l'empresa explotadora (l'Associació Nuclear Vandellòs-Ascó) que signifiqui la sanció, sigui quin sigui el seu import final.
És que n'hi ha prou de repassar els beneficis que van tenir el passat 2008 les empreses propietàries d'aquesta associació: el benefici net d'Endesa va ser de 7.169 milions d'euros i el d'Iberdrola, de 2.860 milions. No he volgut treure el percentatge perquè no m'agafi mal de panxa, però qualsevol persona, armada amb una calculadora, pot arribar a les conclusions pertinents. Sort que la crisi ha fet caure el consum elèctric.
El que deia al principi: ni una rascada a la pintura. Poc més es pot dir.
dissabte, de maig 09, 2009
El "Guggenheim" que volen aixecar a Tortosa

L'altre dia vaig anar a Tortosa i a la fira Expoebre vaig poder veure la maqueta i algunes imatges del projecte de seu dels serveis territorials de la Generalitat a les Terres de l'Ebre. L'edifici s'ha d'aixecar al carrer Montcada, on hi havia la meva escola, el col·legi de La Mercè, els exalumnes del qual portem un any de moguda intensa. Poc hi ha a dir de l'ús del solar, atès que de l'antic casalici poc se'n podia salvar. I si més no, s'acabarà aquella espècie de "forat de la vergonya" que dol als que el recordem com un punt ple de vida.
És més, la recuperació dels nuclis històrics en decadència també es fa amb mesures com aquesta. Potser no tothom té l'obligació d'apostar per anar a viure al nucli antic, sobretot quan la seva degradació ha arribat a determinats nivells. Però sí que podem esperar que l'Administració hi faci alguna cosa. Ni que sigui, és clar, per esmenar l'error, aquest sí històric, d'haver-lo deixat malaguanyar.
Tampoc tinc res en contra de l'arquitectura ultramoderna, tot el contrari. Moltes vegades no n'hi ha prou amb instal·lar un gran equipament públic per regenerar una zona. Convé també que l'impuls sigui en totes les direccions possibles i l'arquitectura contemporània és una eina habitual en aquests processos de regeneració. L'exemple del Guggenheim de Bilbao, amb el que alguns tortosins s'han referit al projecte de la Generalitat, no pot ser més evident.
És més, no sóc especialista en la matèria, però el meu criteri és el següent: o la novetat s'integra molt ben integrada en l'entorn, de forma que no es noti, o, si no, ha de "cantar", ha de significar un contrast que, aleshores sí, ha d'estar ben a la vista.
Tortosa no és Bilbao. Les situacions no són exactament les mateixes, tot i que hi ha una mínima coincidència de recuperació d'espais urbans degradats. Tampoc tinc clar si unes oficines administratives poden equiparar-se a un museu com el Guggenheim pel que fa a trencar les dinàmiques de gueto que acaben produint-se en barris que han estat marginalitzats. Dic tot això, perquè constato que hi ha certa controvèrsia sobre el projecte arquitectònic.
Allà mateix a Expoebre, vaig presenciar una discussió bastant encesa (molt educada, però d'alta intensitat) entre un partidari i un detractor del "Guggenheim tortosí". No és que estiguessin en desacord sobre l'estètica de l'edifici. No, que va, més aviat els agradava a tots dos. El problema radicava en el plantejament que l'arquitecta autora del projecte, Carme Pinós (vegeu aquí la seva web) fa de l'edifici. Segons la seva docta opinió (ho dic sense cap ironia), cal que el nou edifici tapi tot el possible la imatge de degradació del seu voltant.
I cal dir que sí, que l'estampa que ofereix tota aquella zona és feridora. Però no creu la senyora Pinós, arquitecta de renom internacional i reiteradament premiada, que el problema no s'arregla dissimulant-lo? No creu que si l'entorn ofén a la vista el que cal fer és posar-lo al dia, salvant el que s'hi pugui salvar i sacrificant el que ja no té remei?
I em sorprén perquè sóc un modest i moderat admirador del treball d'aquesta arquitecta, molta obra de la qual es pot trobar passejant a Barcelona, al districte de Ciutat Vella, on ha ajudat a recuperar espais també molt degradats. I igual no ho he sabut entendre, però més aviat m'havia fet l'efecte que la senyora Pinós era partidària de fer córrer l'aire, d'obrir espai perquè el nou edifici no tapés res, sinó que si de cas irradiés nova vida a l'entorn. Insisteixo que igual m'equivoco, segurament és això, però m'havia semblat entendre que aquesta era la idea del seu projecte a la Boqueria. Igual és que la part del darrera del mercat, que va remodelar, ja li van donar aplanada i neta d'allò que feia mal a la vista. Igual.
No tinc res en contra del projecte. Tot el contrari, a primera vista m'agrada. Però no puc compartir la idea que s'hagi de tapar res. A aquestes alçades tindrem vergonya? De què? D'haver marxat de viure del nucli antic, com va fer la meva família quan jo era encara petit? De no haver-hi tornat quan ens vam independitzar (alguns directament vam marxar de Tortosa)? D'haver deixat perdre un barri on, amb totes les seves limitacions, encara feia goig viure? De no haver conservat un patrimoni històric i monumental que seria un argument turístic de primera? D'haver fomentat des de l'Ajuntament nous eixamples als anys vuitanta quan la població no mantenia ni el creixement vegetatiu, tot precipitant que el barri es buidés literalment de gent? Potser per això ara ens consolem amb la idea que la degradació del nucli antic ja va començar quan es van tirar a terra les muralles?
Tampoc es tracta de fer aquí cap diatriba sobre la història recent de Tortosa, ni vull posar més en evidència la meva ignorància arquitectònica. Però sí que diré que, tot i que m'agrada l'edifici i considero encertada l'aposta per revitalitzar el nucli antic, com a cortina la trobo francament una mica cara.
divendres, d’abril 24, 2009
L'últim de Javier Cercas
Aquest Sant Jordi m'he comprat l'últim llibre de Javier Cercas, "Anatomía de un instante". No és que m'hagi deixat emportar per l'ambient, sinó que el gratíssim record que em va deixar "Soldados de Salamina" em fa tenir interés per llegir qualsevol cosa de l'autor, inclosos els seus articles de premsa.
Aquesta passada nit he començat el llibre sobre el 23-F. He trobat una mica embolicada la presentació i autojustificació de l'obra que en fa el propi autor. Cercas no és historiador, sinó novel·lista, però aquesta darrera obra no és ben bé una novel·la, tot i que tampoc un llibre d'història. És un híbrid molt complicat, com el propi autor reconeix en les primeres pàgines, i no em formaré una opinió sobre el resultat fins que passi la darrera pàgina.
No obstant, he començat a fruir de la forma d'escriure de Cercas. "Soldados de Salamina" em va captivar per un estil que al principi sembla molt indirecte, però que va pujant d'intensitat fins arribar a moments literaris excepcionals. Tinc la sensació que hi ha una tècnica repetida: començar el llibre explicant com (més que perquè) ha estat escrit. No sé si és una ressonància d'Umberto Eco, que va començar "El nom de la rosa" explicant les fictícies circumstàncies en què havia començat a tramar aquella brillant història sobre l'Edat Mitjana. Literatura sobre literatura. Molt d'Eco, sí. En tot cas, a Cercas li funciona bastant bé l'esquema.
Tinc també la sensació, o si més no això espero, que "Anatomía de un instante" tindrà el crescendo que tenia "Soldados de Salamina". L'escriptura de Cercas va enganxant de mica en mica. No ho notes al principi, però al final quedes atrapat en una xarxa que et fa difícil deixar la lectura. Un professor meu de literatura de fa molts anys, Manel Ollé, explicava la diferència entre conte i novel·la amb un símil de boxa: a la novel·la es guanyava per punts; a un conte s'havia de guanyar per KO. L'experiència de "Soldados..." em va demostrar que és possible anar marcant punts un a un, com qui no vol la cosa, però acabar amb un KO espectacular, una traca final d'altíssima intensitat. Que ningú es confongui, però, amb això de la traca: intensitat no és el mateix que efectisme i Cercas també n'és un bon exemple.
En "Anatomía de un instante", si més no, la cosa, com dic, arrenca molt semblantment. I ja des de la pàgina 14 o 15, es veu que la història va guanyant força. No sé si arribarà al nivell de "Soldados de Salamina", perquè la seva culminació, d'una intensitat excepcional sense la qual potser no seria tan una gran novel·la, és difícil de superar. Aquelles darreres pàgines són del millor que he llegit mai, i no serà que no hagi llegit coses.
Potser ho fa que "Soldados..." era una fabulació al voltant d'un episodi històric, discutit, però relativament menor, que en tot cas aguantava molt bé una ficció detectivesca sobre les seves circumstàncies. No sé si el 23-F aguantarà igual de bé una novel·la que, com el mateix autor, reconeix, no és ben bé una novel·la. Ni ben bé cap altra cosa, de fet, i si ho dic amb aquesta contundència és perquè el propi autor no ho té clar i no s'està de confiar-nos els seus dubtes i temences sobre el resultat de tot plegat.
De moment, però, tot plegat promet. Ja n'explicaré el balanç final.
Aquesta passada nit he començat el llibre sobre el 23-F. He trobat una mica embolicada la presentació i autojustificació de l'obra que en fa el propi autor. Cercas no és historiador, sinó novel·lista, però aquesta darrera obra no és ben bé una novel·la, tot i que tampoc un llibre d'història. És un híbrid molt complicat, com el propi autor reconeix en les primeres pàgines, i no em formaré una opinió sobre el resultat fins que passi la darrera pàgina.
No obstant, he començat a fruir de la forma d'escriure de Cercas. "Soldados de Salamina" em va captivar per un estil que al principi sembla molt indirecte, però que va pujant d'intensitat fins arribar a moments literaris excepcionals. Tinc la sensació que hi ha una tècnica repetida: començar el llibre explicant com (més que perquè) ha estat escrit. No sé si és una ressonància d'Umberto Eco, que va començar "El nom de la rosa" explicant les fictícies circumstàncies en què havia començat a tramar aquella brillant història sobre l'Edat Mitjana. Literatura sobre literatura. Molt d'Eco, sí. En tot cas, a Cercas li funciona bastant bé l'esquema.
Tinc també la sensació, o si més no això espero, que "Anatomía de un instante" tindrà el crescendo que tenia "Soldados de Salamina". L'escriptura de Cercas va enganxant de mica en mica. No ho notes al principi, però al final quedes atrapat en una xarxa que et fa difícil deixar la lectura. Un professor meu de literatura de fa molts anys, Manel Ollé, explicava la diferència entre conte i novel·la amb un símil de boxa: a la novel·la es guanyava per punts; a un conte s'havia de guanyar per KO. L'experiència de "Soldados..." em va demostrar que és possible anar marcant punts un a un, com qui no vol la cosa, però acabar amb un KO espectacular, una traca final d'altíssima intensitat. Que ningú es confongui, però, amb això de la traca: intensitat no és el mateix que efectisme i Cercas també n'és un bon exemple.
En "Anatomía de un instante", si més no, la cosa, com dic, arrenca molt semblantment. I ja des de la pàgina 14 o 15, es veu que la història va guanyant força. No sé si arribarà al nivell de "Soldados de Salamina", perquè la seva culminació, d'una intensitat excepcional sense la qual potser no seria tan una gran novel·la, és difícil de superar. Aquelles darreres pàgines són del millor que he llegit mai, i no serà que no hagi llegit coses.
Potser ho fa que "Soldados..." era una fabulació al voltant d'un episodi històric, discutit, però relativament menor, que en tot cas aguantava molt bé una ficció detectivesca sobre les seves circumstàncies. No sé si el 23-F aguantarà igual de bé una novel·la que, com el mateix autor, reconeix, no és ben bé una novel·la. Ni ben bé cap altra cosa, de fet, i si ho dic amb aquesta contundència és perquè el propi autor no ho té clar i no s'està de confiar-nos els seus dubtes i temences sobre el resultat de tot plegat.
De moment, però, tot plegat promet. Ja n'explicaré el balanç final.
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