dijous, de setembre 23, 2010

Elecciones en Catalunya (y 2)

Teníamos pendiente acabar de justificar por qué el segundo tripartito que está culminando su mandato no era tan nefasto como sus adversarios quieren hacer creer. Hay argumentos que permiten sustentar dignamente esta opinión, aunque la verdad sea dicha la cosa tampoco es que sea para tirar coetes. Visto como ha acabado, o como puede acabar todavía, el embrollo del Estatut, no resulta fácil atribuir el inicio de su despliegue al actual gobierno catalán. Pero la realidad también es la que es: ha habido avances de entidad, aunque lejos de las expectativas levantadas.

La nueva financiación autonómica es tal vez el ejemplo más palmario de ello. El sistema es mejor que el anterior, porque atribuye a la Generalitat (y al resto de comunidades, dato que no hay que desconocer) una mayor participación en la distribución de la cesta de impuestos. Pero ese es su principal hándicap, aunque por otra parte esté justificadísimo: el desplome de los ingresos fiscales se ha "comido" casi literalmente la financiación suplementaria conseguida.

De la disposición transitoria del Estatut que debía compensar la falta de inversión pública estatal en Catalunya durante un período de siete años, nunca más se supo. Mejor dicho, si algún lector tiene alguna noticia al respecto, podría tener el detalle de hacérnoslo saber. Le estaríamos muy agradecidos.

Sin embargo, el segunto tripartito ha sido capaz de sacar adelante medidas prácticas y de aplicación cotidiana en la vida de los ciudadanos, lejos de "logros" poco menos que metafísicos, como el principio de ordinalidad en el ejercicio de la solidaridad (que para más inri también se cargó el Tribunal Constitucional). Sin ir más lejos, el ejecutivo de José Montilla ha sido capaz de completar el despliegue de la policía autonómica en todo el territorio o de reducir de dos o tres años a tres meses las listas de espera quirúrgicas más escandalosas.

Este mismo gobierno ha más que duplicado la mayor parte de partidas de política social y ha construido cerca de 400 escuelas y de 300 guarderías. Pero también ha sabido lograr una serie de grandes pactos nacionales para asegurar políticas de largo recorrido en temas tan sensibles como la educación o la immigración. Sin embargo, su principal defecto ha sido no conseguir pactar a veces consigo mismo lo que conseguía acordar con la oposición.

El tripartito presidido por Montilla no ha llegado a los extremos de montaña rusa que caracterizaron al anterior ejecutivo liderado por Pasqual Maragall. Pero es evidente que no se ha tratado de un Gobierno que fuera a una. Los desmarques han sido frecuentes y no precisamente en cuestiones de segundo o tercer orden. La cultura de coalición es una asignatura difícil, pero los tres socios del ejecutivo catalán tampoco se han esmerado especialmente en aprobarla.

De ahí que al actual Gobierno le haya pasado lo mismo que a su predecesor: que el ruido ha ahogado el eco de sus logros. Un ruido que a veces ha sido provocado de mala fe por terceros, como comentábamos en una entrada anterior, pero que casi siempre ha encontrado alguna base (a veces mucha base) para sustentarse. La forma en que se gestionó la grave sequía de 2008 es un buen ejemplo de ello.

A Montilla y a sus consejeros les ha faltado capacidad de comunicación. Y eso que de portavoces han tenido un buen puñado. Tan equilibrados han querido ser en todo los miembros del tripartito-2 que se han repartido hasta la función de portavoz tras las reuniones gubernamentales. Ello no es malo por sí mismo, pero cuando un Gobierno tiene dificultades para hablar con una única voz... ¿Nos entienden, verdad?

divendres, de setembre 17, 2010

Elecciones en Catalunya (1)

Ya conocemos la fecha de las elecciones catalanas. Aunque no estén convocadas formalmente todavía, ya podemos pergeñar un balance de lo que ha sido el segundo tripartito, o lo que es lo mismo la segunda experiencia de gobierno de izquierdas en la Generalitat contemporánea. Y ese balance es menos malo de lo que algunos insisten en presentar. Que la oposición considere al ejecutivo de Montilla como el peor de la historia de Catalunya entra dentro de lo esperable. Pero hasta la oposición, al menos CiU, se ha dado cuenta, en carne propia, de lo mal que pueden salir los mensajes catastrofistas. De ahí que apueste por vender alternancia y un cambio que, aunque digan que es necesario y hasta imprescindible, es presentado como un cambio tranquilo.

Otra cosa es el discurso incendiario que a veces practica el Partido Popular en Catalunya. A veces da la sensación de que desbordan a su propio partido por la derecha por la simple razón de que no pintan prácticamente nada dentro de su organización y se creen en la obligación de subir el tono para hacer méritos. Y conste que la cuestión lingüística es casi irrisoria en comparación con los flirteos con el racismo y la xenofobia que algunos de sus candidatos locales vienen practicando de un tiempo a esta parte.

Poco puede decirse de la oposición ejercida por Ciutadans-Ciudadanos. Aunque cierta derecha mediática celebró su resultado en 2006 como si fuera la toma del Palacio de Invierno, basta con ver cómo les ha ido la legislatura: escindidos y peleados, a veces con escenas de una indignidad escalofriante. Suerte que eran una alternativa regeneradora.

También hay que decir, sin embargo, que gran parte del clima antitripartito que se ha respirado en Catalunya ha sido obra de algunos medios de comunicación. Y más que de los medios, de algunos periodistas de renombre que vivieron muy bien o prosperaron mucho bajo los gobiernos de Jordi Pujol. Se trata de elementos a los que al menos hay que reconocerles la virtud de la gratitud. Pero la culpa no es exactamente suya, sino de las empresas que les permiten todo tipo de cruzadas, seguramente porque a los propietarios ya les parece bien.

Sólo esto último explica la sevicia con que se han acarnizado algunos periódicos con medidas como las de los 80 kilómetros por hora en los accesos a Barcelona. Hay que leer lo que se ha llegado a escribir de una medida discutible como cualquier otra para darse cuenta de que las críticas no se formulaban de buena fe.

Ahora bien, el gobierno catalán no ha sido tampoco un prodigio de administración eficaz y brillante. Baste con decir que su primera prioridad era no repetir la montaña rusa que fue el primer tripartito, objetivo que por cierto se ha logrado sólo parcialmente. Pero insistimos en que su balance no ha sido tan negativo como corean quienes, legítimamente por otra parte, desea desalojarlo del poder. En una próxima entrada analizaremos con detalle ese balance, con todos sus claroscuros.

dilluns, de setembre 13, 2010

Gràcies per les teves llàgrimes


No sé com et dius. Ni tan sols la cara que fas. Te la tapes amb les mans, per ocultar les llàgrimes. Les llàgrimes d’una derrota amarga. No estem parlant d’un partit de futbol ni d’una final perduda. Parlem d’una persona que acaba de morir, víctima d’un infart, però no sense que la persona de la foto i la resta de personal del servei d’emergències hagin lluitat amb totes les seves forces per evitar el pitjor.

Ha estat una lluita que s’ha perdut (no sempre es pot guanyar), però aquestes llàgrimes que et cobreixes amb les mans demostren que t’importa, que per tu no és indiferent ni una mera qüestió de feina ni de cobrar a final de mes. Que tens sentiments, en definitiva.

Per això, la lluita no ha estat estèril ni inútil. Aquesta vegada no ha pogut ser, perquè en la teva feina això passa (i segurament sovint). És més, sospito que heu vist a la primera que no hi havia res a fer, o que seria molt difícil, però no per això heu deixat d’intentar-ho. Perquè el vostre pacient, amb independència del resultat final, es mereixia el millor de vosaltres. Que ploris, ni que sigui durant un minut, vol dir que sí, que li heu donat el millor de vosaltres. No en tinguis cap dubte.

Que tinguis sentiments, vol dir una altra cosa molt important: moltes altres persones podran agrair-vos a tu i als teus companys que la vostra perseverança els haurà salvat la vida. Tampoc en tingueu cap dubte.

Les teves llàgrimes em reconforten personalment. Fa poc més d’un any vaig perdre la meva dona per un error de diagnòstic. Bé,  més ben dit, per la prepotència i fatxenderia (pur “sostenella y no emmendalla”, en la pitjor versió possible) amb què el sistema va persistir en l’error fins que no va haver-hi res a fer. Sé de què parlo quan escric de “professionals” amb un compromís més aviat escàs per la feina i els pacients. Malament quan el metge mira més la pantalla de l’ordinador que a tu als ulls.

Avui, però, el teu gest, m’ha fet recuperar una part (només una part, però ja és molt) de la confiança que havia perdut. Una experiència personal tan traumàtica no m’hauria d’haver fet perdre de vista que el sistema pot ser molt insensible, però que la majoria de persones que hi treballeu sou bones persones (tu ho ets, i no poc). Però no és sobrer que ens ho hagis fet recordar a mi i a qui pugui llegir aquest text.

Jo hi era (va ser durant la Diada Nacional a Calafell) i no puc fer res més que dir-te gràcies.

dimarts, de setembre 07, 2010

ETA se repite

Puede que el alto el fuego declarado por ETA no sea una tregua-trampa, como corea siempre en estos casos la claque mediática de la derecha. Pero la impresión de "dejà vu" es inevitable. Con el agravante de que, al menos en el lenguaje, lo que se declara tiene menor intensidad que en ocasiones precedentes.

Por no colmar expectativas, el vídeo de ETA no colmó ni las de la izquierda abertzale, que había reclamado una tregua indefinida y verificable. Porque eso de la suspensión de las acciones armadas ofensivas puede que lo entienda quien lo escribió. Pero si no es para justificar que, habiendo tomado la decisión, se asesinara en el interín a un gendarme francés en un enfrentamiento..., pues no estamos ante un prodigio de claridad.

Por eso, la prudencia del Gobierno y de las fuerzas políticas está más que justificada. La hipótesis de que la declaración represente sólo el deseo o la opinión de un sector de ETA, o de que pueda haber facciones o incluso individuos aislados que rebienten el alto el fuego, no es descabellada en absoluto. Parece fuera de toda duda que la declaración de ETA es fruto de la debilidad (que sea pasajera o no, el tiempo lo dirá) y la debilidad no ayuda precisamente a cohesionar a ningún grupo humano. Menos a los que intentan resolver los problemas a tiros.

Además, la debilidad no sólo es de ETA. La izquierda abertzale está ahogada política y financieramente y no es seguro que pueda aguantar muchas más legislaturas sin poder presentarse a las elecciones. Pero en contra de lo que podría pensarse, no se trata de hacer de la necesidad virtud, sino de algo bastante más sencillo. ¿Cómo van a sacar adelante planteamientos políticos quienes están apartados de la política?

En todo caso, en términos de prudencia la experiencia ha de servir para algo. ETA dejó en el más espantoso de los ridículos al Gobierno con el atentado de Barajas, en diciembre de 2006. Por muy hambriento de buenas noticias que esté Zapatero, cabe suponer que ahora no se dejará ofuscar por la perspectiva de pasar la historia. Aunque también hay que decir, en descargo de Zapatero, que más se cegó Aznar en 1998, cuando llegó a hablar de Movimiento Nacional Vasco de Liberación. Cuántas veces habrá deseado el expresidente popular haberse callado aquel día...

Pero hay que ser realistas. El fin de ETA no llegará por la rendición incondicional y la entrega de las armas. Como mucho, lo segundo, y su verificación, será una de las partes de la solución. La pregunta es incómoda, pero hay que intentar contestarla honradamente: si la independencia de Euskadi, o al menos un referéndum de autodeterminación, son innegociables, ¿qué se puede ofrecer sino una amnistía generosa?

El País Vasco no es Irlanda del Norte, como a veces nos empeñamos en querer ver. Por aquellos pagos se dieron satisfechos con una autonomía inferior a la de La Rioja, porque era infinitamente mejor que la ocupación militar que existía en la práctica. Pero ¿qué se le puede ofrecer a Euskadi que mejore su actual autogobierno?

Es más, habría que recordar que el gobierno británico acceptó una consulta de autodeterminación transcurridos 25 años de los acuerdos de paz. Veremos qué ocurre cuando llegue la fecha (con plazos tan dilatados no se sabe nunca), pero resulta difícil imaginarse a un gobierno español, del color que sea, firmando una cláusula como esa.

Y que nos quede claro que el día en que haya paz, eso de los terroristas viendo salir el sol tras las rejas todos y cada uno los días de su vida va acabar con los interesados cobrando una pensión del Estado, como se ha hecho en otras partes, como solución práctica al problema de qué hacer con unos centenares o miles de personas que se han pasado más de media vida en la cárcel o que, por decirlo con un eufemismo, son imposibles de reciclar profesionalmente.

En política suele decirse que existen las soluciones ideales y las soluciones posibles. Los términos son autoexplicativos. En pocos casos ello resulta tan evidente como en el que nos ocupa.

dijous, de setembre 02, 2010

Elecciones o elecciones

El llamado curso político empieza cargado de ambiente electoral. A las elecciones catalanas a celebrar en noviembre, se le suma la posibilidad de un anticipo de los comicios generales, si Zapatero no consigue aprobar los presupuestos del Estado para el año próximo. Pero incluso si el Gobierno salva sus cuentas para 2011, su precariedad no podrá ser más manifiesta.

Comencemos por Catalunya. La victoria corresponderá más que probablemente a Convergència  i Unió. Hasta las encuestas del gobierno catalán le auguran a la federación nacionalista una mayoría que roza la absoluta. Siempre hay que ser prudentes ante un resultado electoral, por mucho que digan los sondeos, pero no es casual que el tripartito presidido por José Montilla haya optado por apurar los plazos al máximo. Su última esperanza parece ser algún tropezón de CiU, o que Zapatero les eche algún cable a propósito del esquilmado Estatut. En todo caso, las sorpresas, o los milagros, no son, por su propia naturaleza, predecibles.

Es una incógnita qué resultado pueden conseguir las nuevas fuerzas independentistas, sobre las que hay más ruido mediático que expectativas objetivables. No se sabe nunca, pero no parece que sus posibilidades sean para tirar coetes. Las urnas lo dirán.

Y pasemos ahora a la situación política general en España. Zapatero necesita imperiosamente aprobar un presupuesto para 2011. No puede recurirr a prorrogar el de 2010, expediente que un sector del Gobierno y del PSOE no descartaban, porque se ve obligado a introduir nuevas reducciones del gasto público. Debe hacerlo obligado por el plan de rescate del euro, aprobado meses atrás, y que ya provocó en su momento el célebre “recortazo”. Como ya dijimos entonces, lo de plan de rescate del euro era un eufemismo para disimular que se trataba de una intervención en la práctica de la economía española, a cargo de nuestros socios europeos, que exigieron medidas severas a cambio de su compromiso de salvarnos si llegaba lo peor.

¿Y con qué apoyos cuenta Zapatero para aprobar las cuentas de 2011? Por su izquierda ha perdido toda ayuda, por irrelevante que fuera en número de votos. Y CiU ha anunciado por activa y por pasiva que no apuntalará más al Gobierno, ni siquiera con su abstención, como cuando la convalidación del “recortazo”. A Zapatero le queda únicamente hacerse con el voto del Partido Nacionalista Vasco. Un voto favorable que, por mucho que haya ocurrido en Euskadi, no es descartable en absoluto.

En cualquier caso, nos encontramos ante dos escenarios posibles. Por una parte, el Gobierno no consigue aprobar el presupuesto en las Cortes y no tiene más remedio que convocar elecciones, para que pueda aparecer una mayoría (hasta la fecha, es casi seguro que será del Partido Popular) que saque adelante las cuentas del Estado. Por otra parte, que Zapatero salve la situación por los pelos y sobreviva al envite. Pero incluso en este segundo caso, su cada día más manifiesta debilidad y soledad rozan también la inviabilidad de cualquier proyecto político digno de tal nombre.

Como ocurre en el caso catalán, los manuales electorales recomiendan avanzar elecciones si uno cree que las va a ganar, jamás para darse una torta. Zapatero necesita desesperadamente tiempo para que la crisis remonte algo y haya algún fruto de las medidas tomadas que pueda vender. Sin embargo, el descontento que produce su gestión crece de día en día, incluso entre la misma militancia socialista, y no es por casualidad que hasta le salgan dirigentes respondones. Las primarias del PSOE en Madrid van a ser un test muy interesante: no es nada improbable que los afiliados socialistas madrileños le propinen a Zapatero un puntapié en el trasero de Trinidad Jiménez.

divendres, d’agost 27, 2010

La hipocresia del top manta

Vagi per endavant que els botiguers tenen tota la raó quan es queixen de la competència deslleial del top manta. Tinc les meves recances sobre els comerciants que consideren que els “manters” els treuen clients (què deuen vendre, em pregunto). Però pagar impostos, lloguers, nòmines i altres despeses d’explotació, com fem tots els que tenim una empresa, et permet si més no protestar amb propietat.

Una altra cosa és que el conflicte que aquest estiu han viscut Calafell i el Vendrell, a més d’altres pobles que han fet pactes amb els “manters”, però han tingut la sort de no sortir als diaris, hagi posat en carn viva algunes de les hipocresies de la nostra societat.

Hipòcrites principals els partits polítics, que critiquen des de l’oposició el que fan quan governen: que siguin pobles diferents és un mer detall tèc-nic, com podran entendre. Hipòcrites els que demanen mà dura i mesures contundents, però a l’hora de votar les reformes legals necessàries eviten mullar-se, no fos cas que els prenguessin per fatxes. I hipòcrites, de la varietat exhu-berant, els polítics que obren el miracle de repicar i anar a processó, aprovant des del govern la tolerància amb el top manta i manifestant-se en contra al carrer.

Hipòcrites certs responsables (?) públics que no mouen fitxa fins que tornen de vacances. I hipòcrites alguns directius de les organitzacions de comerciants (casos molt puntuals, afortunadament): un no sap si són pitjors els que no hi ha manera de saber on tenen la botiga o els que carreguen les tintes perquè es volen dedicar a la política i s’han de donar a conèixer.

Hipòcrites, per descomptat, els que compren al top manta.  Són els que mantenen dempeus aquest negoci il·legal. I alguns es pensen encara que fan una obra de caritat.

Si em permeten ser políticament incorrecte, trobo que els menys hipòcrites de tots són els ajuntaments que han decidit deixar-se de ficcions i agafar el toro per les banyes. Ja sé que a tots ens és igual qui té les competències. Però amb el degut respecte per aquesta opinió, no sé si a un ajuntament podem demanar-li efectivitat contra màfies internacionals o que expulsi immigrants il·legals. I mal que mal, els alcaldes del Vendrell i de Calafell han evitat l’espectacle indecent de les corredisses pel passeig marítim, que feia de tot llevat de bonic.

Un espectacle gratuït, per cert, perquè el dia que algun “manter” és detingut, l’interessat surt lliure per la porta del jutjat (i torna de cap al passeig marítim) abans que la policia acabi de fer els papers de l’arrest. Això si és que no passa com al Vendrell l’estiu passat i els compradors es giren contra la policia i els agents, per evitar desgràcies majors, es deixen estomacar mentre els arriben reforços.

Em sembla fantàstic que els ajuntaments “retornin a la legalitat”. És el que toca, però allò realment rellevant no és que s’hagi arribat fins aquí, sinó que hagi calgut arribar-hi. Ara, esperem que les mesures anunciades no siguin gests de cara a la galeria, que també podria ser.


Publicat al setmanari "El 3 de Vuit", del Penedès (27-8-2010)

dimecres, de juny 16, 2010

Aniversario infeliz

Se han cumplido estos días 25 años de la firma del tratado de adhesión de España a la Unión Europea. Es imposible entender la actual España sin ese cuarto de siglo de estabilidad y prosperidad, por mucho que hoy una grave crisis amargue las posibles celebraciones.

Hasta Franco pidió entrar en el entonces Mercado Común Europeo. Fue en 1962, el mismo año del llamado “contubernio de Munich”. Es decir, que tan malo no debía ser el invento cuando hasta la dictadura supo ver dónde estaba el futuro. Pero como es normal, aquel régimen no tenía posibilidad alguna, aunque en 1973 se firmara un acuerdo comercial.

La adhesión llegaría ocho años después de las primeras elecciones libres y tras unos cuantos sustos involucionistas, algunos de ellos de gravedad manifiesta. Pero el enganche a Europa consolidó definitivamente una democracia que estaba poco menos que en el jardín de infancia. Cuando criticamos lo poco que nos motivan las instituciones europeas, y con razón por cierto, no deberíamos olvidar de dónde venimos y el bien que nos han hecho ciertas cosas.

Tampoco deberíamos quedarnos únicamente con lo que han significado los fondos de cohesión. Ciertamente, la gran transformación de las infraestructuras españolas (mal repartida en algunos casos) llegó de su mano. Pero el auténtico milagro llegó con el euro. Y más que con el euro, con la disciplina económica a que obligó, que consiguió romper el principal mal de la economía española: un cuello de botella en el que la expansión acarraeba inflación, la cual a su vez hacía perder competitividad.

Atrás han quedado los años en què para combatir la inflación y defender la peseta, el Banco de España elevaba los tipos de interés, lo que yugulaba la actividad. Y al final, habia que devaluar. Un círculo vicioso que todos quienes tengan cierta edad recordarán por unos tipos de interés del 17%, del 18% e incluso más. En cambio, la política monetaria centralizada en el Banco Central Europeo, a partir de la inflación media europea y no la de cada país, ha conseguido durante años un marco estable de tipos bajos y prosperidad.

La actual crisis nos ha hecho dar cuenta de que aquello tenía parte de ficticio. Aunque la inflación y los tipos (estos últimos, pese a su repunte) están lejísimos de lo que eran hace 25 años, por el camino hemos perdido competitividad. Y el recurso de devaluar quedó definitivamente archivado.

Es un problema común al resto de países del euro. Y un problema al que estamos atrapados sin remedio. No podemos plantearnos abandonar la divisa única para retormar políticas monetarias estatales, y devaluar, sin romper definitivamente la confianza en nuestra deuda pública. ¿Podría España ser expulsada del euro? La posibilidad es meramente teórica. En ese supuesto, cabría expulsar a otra media docena de países, pero una sola expulsión sería un desastre irreparable para toda la Unión Europea.

Y un problema añadido es la falta de consolidación política de la Unión Europea. Decía el exsecretario de Estado norteamericano Henry Kissinger que, cuando quería hablar con Europa, no sabía a quien llamar. Ingeniosidades a parte, esa es precisamente la cuestión. Estados Unidos tiene el doble de déficit público que la media europea, pero nadie duda de su deuda. En Europa, no existe la misma percepción de que un Estado fuerte está tras esa deuda. Todo lo contrario: lo que hay es un galimatías de estados, una parte de los cuales resulta que miente sobre sus cuentas, otra insiste en que no pasa nada y otra paga rescates, con manifiesta desgana, para evitar que el desastre se convierta en catástrofe.

Hay que tomar medidas antipáticas e impopulares, como las del recortazo, y otras que tal vez vendrán. No queda otro remedio para evitar males mayores. Y hay que reconocer que el ajuste es más duro por el euro, de ahi que tal vez Europa nos pueda parecer a veces un mal negocio. Pero sería un error trasladar toda la culpa a la misma Europa de la que tanto nos hemos beneficiado. Es más, cabe preguntarse como estaríamos ahora sin Europa. No lo duden: mucho peor.

dilluns, de juny 07, 2010

No paran de improvisar, pero al menos se curran las excusas

¿Improvisa el gobierno de Zapatero? Pues sí, hay que decir que en realidad no hace otra cosa que improvisar. Continuamente. A todas horas. Pero algo hay que reconocerle: como mínimo se curra las excusas, le pone imaginación. El episodio de ida y vuelta de los créditos de los ayuntamientos no lo puede dejar más claro.

El Boletín Oficial del Estado publica que los ayuntamientos no podrán concertar endeudamiento a largo plazo hasta el 1 de enero de 2012. Es la primera noticia de un real decreto que no ha aparecido en la reseña del consejo de ministros ni en comunicado alguno del ministerio correspondiente. Como todo acto que aparece en el BOE, entrará en vigor al dia siguiente de la publicación.

¿Qué ocurre entonces? Que los ayuntamientos comienzan a centenares a convocar plenos extraordinarios y urgentes para concertar préstamos en las horas que les quedan antes de la entra en vigor de la “ley seca”. Lo de hecha la ley, hecha la trampa, pero dentro de la más estricta legalidad. Dicho de otra forma, una charlotada inmensa, propia de un país bananero. Esta consideración nada tiene que ver con las insuficiencias de la financiación local, ni con la decisión del gobierno, que entra dentro de lo que podría considerarse razonable para reducir un déficit público galopante, por poco que se hubiera hecho y explicado bien. Es simplemente un espectáculo para caerse de la silla.

¿Qué ocurre a continuación? Que prisas aparte, los ayuntamientos ponen el grito en el cielo. Puede que los municipios tengan el bolsillo roto, como la derecha mediática ha tomado por costumbre acusarles. No lo es menos que se les pide mucho más de lo que exige la ley y que, en lo tocante a recursos económicos, se les deja a la buena de Dios. Es más, la caída de ingresos fiscales castiga de forma especial a los Ayuntamientos.

Pero también falta menos de un año para las elecciones municipales y no pocos alcaldes no ven claro su futuro. Con balances de gobierno esmirriados en general, y resintiéndose los socialistas del malestar contra Zapatero, el cierre del grifo, que impediría el “empujón final” con que algunos intentarán el milagro, dispara las alarmas. Y el propio PSOE se da cuenta de que, por si no lo tenía suficientemente magro, se juega los ayuntamientos (al menos, los que le quedan).

Hay que echar marcha atrás. El gobierno no se baja completamente del burro. Simplemente, aplaza la medida al próximo 1 de enero. Zapatero tampoco tiene mucho margen. El decreto-ley debe ser convalidado parlamentariamente y corre el riesgo de verlo revocado. Pero en política jamás se rectifica ni se reconocen los errores. Por eso, como quien no quiere la cosa, publican una “corrección” en el BOE. Hasta la palabra parece elegida para evitar el mal rollo.

Nadie aludió a los duendes de imprenta. Pero todo se andará, si hay que echar mano del recurso en alguna otra ocasión. Lo que decíamos, imaginación para justificarse no le falta al gobierno. Curiosamente, Zapatero decía hace unos días que los recortes y su nueva política ante la crisis no eran un bandazo. Pero dado que el gobierno no para de dar bandazos, cabe preguntar de qué hablaba Zapatero. Es la pregunta obvia: si no son bandazos, qué son entonces.

diumenge, de maig 09, 2010

¿Están locos los mercados? Pues no.


La calle de las finanzas hace esquina con la calle del teatro. Qué apropiado.


El pánico desatado en Wall Street por un error merece un análisis que vaya más allá de las razones del mero fallo. Errores puede haberlos en todas partes, pero que un simple letra pueda organizar semejante marimorena pone de manifiesto la absoluta vulnerabilidad de eso que llamamos los mercados. También que los mercados estarán todo lo locos que queramos, pero que en ellos se mueven elementos dispuestos a sacar tajada a cualquier precio. Lo que obliga a hacerse algunas preguntas, incómodas o no, pero muy pertinentes.

Alguien escribió billones en lugar de millones y no sólo se dispararon las alarmas: es que la tecnología a la que se han confiado ciertas decisiones actuó en consecuencia. En cuestión de segundos, la principal Bolsa mundial se hundió estrepitosamente, en medio de un pánico casi nunca visto. Después la cosa se recondujo y los índices, pasado el susto, se recuperaron parcialmente.

Cabe una reflexión necesaria sobre la dependencia que tenemos de nuestra propia tecnología. Automatizar en la práctica ciertas decisiones puede llevarnos a un desastre, como acabamos de comprobar, y no por primera vez. Pero no hay que olvidar que hasta los sistemas que funcionan de forma completamente independiente han sido programados alguna vez para actuar de una u otra forma. Y preguntarse qué pretendían conseguir quienes dispusieron las cosas de una determinada forma.

Es obvio que conseguir ganar todavía más a partir de la extrema rapidez de las decisiones de comprar y vender. El problema es que un objetivo legítimo, como el de ganar dinero, puede deslegitimarse si se apostilla con la expresión “a cualquier precio”. Y esta parece ser la razón última de lo ocurrido en la jornada de pánico bursatil del pasado 6 de mayo en Nueva York.

Pero los mercados no están locos, por mucho que lo pueda parecer en algunos momentos. Tampoco están en manos de irresponsables, como una vez explicó el economista Xavier Sala i Martín. En el peor de los casos, lo que ocurre es el corolario lógico de la sacralización de los mercados como algo bueno por naturaleza y que lo arregla todo con mayor eficiencia que el Estado. El problema, como hemos descubierto ahora, es que en nombre de tales principios se cometen innumerables desvergüenzas. Muchas de ellas al calor de una derecha que daba pátina ideológica al invento y/o estaba tan ocupada salvando al mundo que no vio lo que se nos venía encima (eso si es que miraba).

Dependencia y vulnerabilidad tecnológicas, problema ideológico... Sí, pero la auténtica pregunta que deberíamos plantearnos es quien se hizo de oro durante los momentos de pánico. Porque es obvio que hubo quien se hartó de comprar a precios reventados en los instantes de mayor desconcierto y que, luego, revendió llevándose un más que buen margen. Si Wall Street llegó a cayer un 10%, pero acabó cerrando con una caida de sólo un 3%... ¿Nos entienden, verdad?

No creemos que las conspiraciones sean la explicación de todo lo que ocurre. Pero como mínimo cabe decir que hay quien denota considerable habilidad para pescar en río vuelto. No es superfluo recordar que el error de teclado que dio origen al lío se vio aliñado por rumores sobre la quiebra práctica de la mayor parte de la banca europea. Que dichos rumores fueran disparatados no quita que su origen y propalación sean enormemente sospechosos.

Un problema añadido es que la única sacudida que los simples mortales podríamos dar a la situación, la electoral, está siendo ignorada en casi todo el mundo occidental, donde una marea conservadora está llevando al poder, o confirmando en él, a la derecha que sigue predicando que la solución está en hacer lo mismo que nos ha llevado hasta aquí. También hay que decir, sin embargo, que la izquierda no ofrece de momento mejor alternativa, sobre todo la de nuestros pagos.

dilluns, de maig 03, 2010

Pues sí, el Estado puede quebrar

Por si el caso de Islandia no había sido suficiente aviso, la grave situación por la que atraviesa Grecia nos confirma que, en contra de un axioma que parecía sagrado, el Estado sí puede quebrar. Podemos consolarnos pensando que eso sólo ocurre en dictaduras bananeras o en países de chiste. Pero está ocurriendo en Europa. En la cuna de la civilización occidental, por más señas.

Naturalmente, los antecedentes históricos remotos son lo de menos. Lo realmente significativo es que nadie vive de glorias pasadas y, quien más, quien menos, debe encarar presentes poco agradables y futuros más bien inciertos. Lo de Grecia, en última instancia, demuestra la debilidad de los sistemas políticos y económicos que el mundo occidental intenta exportar, a cañonazos en algunos casos, al resto del mundo.

Puede que no quepa calificar como quiebra la situación de Grecia. Pero en ese caso, es de plena aplicación el concepto de quiebra técnica. Ya saben, aquella situación equivalente a la quiebra, tal como se entiende normativamente al menos en los sitios serios, pero que no se materializa porque nadie la ha instado. Es ni más ni menos que lo que le ocurre al Estado griego, que simplemente no puede hacer frente a sus obligaciones financieras.

Todos los estados desarrollados han echado mano del recurso al endeudamiento para hacer frente a la crisis (unos más que otros, también hay que decirlo). No han encontrado otro recurso a la caída de ingresos fiscales y al incremento de los gastos sociales, uno y otro fenómenos provocados simultáneamente por la misma crisis.

Pero hay un problema añadido, fruto de cómo funciona el sistema. Cuanto más endeudado está un Estado, pueden alimentarse dudas sobre su capacidad para devolver lo que debe. En el mejor de los casos, significa que tiene que retribuir mejor esa deuda para que no pierda atractivo. Y como nos pasaría a cualquiera de nosotros, aunque creyéramos que al Estado no, cuando se estira el brazo más que la manga, uno puede verse abocado a no poder cumplir con los plazos de lo que debe.

También hay que decir que esto es una descripción teórica, por muy ajustada que esté a la realidad. Sin embargo, la verdad es algo más amplia. Algunos gobiernos pueden acabar en la bancarrota porque sobre la debilidad de sus finanzas planean una serie de grandes especuladores, dispuestos sacar tajada de la desgracia ajena. Hay que preguntarse si esa sensación de pánico que se percibe en los mercados no está alimentada precisamente por quienes más tienen que ganar gracias al miedo. 

Ya saben cómo funcionamos a veces: basta la simple posibilidad de que pase algo para que actuemos de principio a fin como si estuviera ocurriendo, aunque al final no acabe ocurriendo nada. Los mercados petrolíferos se ven afectados frecuentemente por circunstancias de este tipo. Una ligera crisis diplomática en Oriente Medio nos hace creer que el subministro de crudo podría reducirse. El precio, entonces, se encarece por aquello tan viejo de la oferta y la demanda. Después resulta que el petróleo fluye a los mismos raudales, pero el precio se mantiene alto por lo que pudiera pasar (que no pasa). Valdría la pena bajar la demanda ante uno de esos episodios, sólo para ver qué ocurre: es posible que no hubiera crisis diplomáticas o que estas duraran menos de cinco minutos.

Pero de la misma forma que estamos cautivos de nuestras necesidades energéticas, ¿cómo podríamos los simples mortales darle una buena sacudida a los mercados de deuda pública? Simplemente no podemos. Pueden, tal vez, esos bancos que reciben dinero del Estado, a título de salvar la debacle, y se lo vuelven a prestar a un interés superior. Es una de esas cosas que nos plantea si no saldría más a cuenta que los bancos fueran directamente propiedad del Estado. Como ocurre por cierto en países serios y de poco dudoso capitalismo, como Francia, Alemania o el Reino Unido.

Nos quedan otras dudas, claro. Por ejemplo, para quien trabajan realmente las llamadas agencias de calificación. Porque cuando menos nos resulta exhuberante que trabajen, como es el caso, para los gobiernos a los que están ayudando a hundir.